Mi primer mes del Rinoceronte naranja

Lo prometido es deuda. Os dije que os contaría mi experiencia con el reto del rinoceronte naranja y fiel a mi palabra os lo voy a contar. Pero os lo voy a contar de verdad, ni voy a ir en plan “happyflower” diciendo únicamente lo positivo, ni os voy a intentar dar pena. Voy a procurar ser lo más realista posible.

Tengo que reconocer, con asombro, que la primera semana me resultó facilísimo seguir el reto del RINOCERONTE NARANJA y no gritar a los niños. Lo había interiorizado tanto en mi cabeza que si veía un “momento conflictivo” en el que los niños discutían o hacían alguna trastada, una vocecita interior, (algunas veces) o mi marido (otras veces) me recordaba: ¡RINOCERONTE NARANJA! y volvían las aguas a su cauce.

El efecto dominó del Rinoceronte Naranja.

Al principio me centré en no gritar a los niños, pero cuando eres consciente de que no quieres levantarles la voz también lo eres de cómo les hablas (algo en lo que debo trabajar mucho). El tono en el que empecé a decir las cosas también cambió y las frases empezaron a transformarse de reproches a explicaciones.

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“Rocío, es la hora de irnos al cole y aún no has hecho tu cama ¿ME PODRÍAS DECIR POR QUÉ?”

“Rocío, es la hora de irnos, si no te da tiempo a hacerla ahora recuerda que tendrás que hacerla cuando vuelvas del cole “

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Y empieza el efecto dominó. Si tu les hablas mejor, ellos se hablan mejor porque nos copian. Así que veía como jugaban mucho más tranquilos sin enfadarse tanto.

Pero no sólo en casa. EL RINOCERONTE NARANJA saltó las puertas de casa. La primera semana la transformación había sido tanta que a Nico le dieron un diploma en la asamblea de la escuela por su comportamiento. Puede que fuera casualidad, pero demasiada casualidad ¿no?

premioNico

Hay que tener mucha fuerza de voluntad y constancia

Después del boom de la primera semana tengo que confesar que me relajé y algún “gritillo” que otro y charla en tono imperativo (yo soy la que dice las normas y chitón) se me escapó.

No se puede bajar la guardia porque cuando no estamos acostumbrados a actuar de cierta manera es muyyyy difícil cambiarla de la noche a la mañana. En fin,” la cabra tira al monte”. Lo bueno es que me daba cuenta a tiempo y rectificaba.

Las mamás que tengáis bebés podréis pensar lo que yo pensaba en mis dos primeros años de madre nobata “yo nunca hablaré mal a mis hijos”. Es fácil decirlo con un bebé que depende de ti para todo, pero cuando se hacen mayores, empiezan a tener responsabilidades que no cumplen, enfados, peleas entre hermanos, y un sin fin de cosas más que llegan con el aprendizaje de la vida … es muy posible que pierdas los nervios y les grites. Ahora si no lo haces CHAPÓ por ti.

Trucos para no gritar a los niños

Después de este mes con altos y bajos con el reto del RINOCERONTE NARANJA he llegado a estas conclusiones:

– DESCANSA. Ya se que es difícil cuando estás criando, sobre todo si tienes un bebé lactante o que le están saliendo los dientes como es mi caso. Pero es importantísimo dormir bien para tener más paciencia al día siguiente. Si sabes que tus noches son moviditas tendrás que perderte la peli de la noche e irte a dormir antes.

– EXPLÍCALE MÁS Y REPROCHA MENOS. La mayoría de las veces que ha habido una peleilla entre hermanos he decidido meterme y hablar con el que estaba haciéndolo mal y explicarle. Y ha dado mejor resultado que gritarles desde abajo de la escalera o subir y castigar. La mayoría de la veces me he dado cuenta que las peleas empiezan por tonterías y se pueden solucionar. Ten el cuanta que los niños están cansados del colé y tienen ganas de vacaciones ya (sobretodo en Inglaterra que las tienen el 22 de julio)

Esto te tomará más tiempo, es más rápido pegar cuatro gritos y mandarlo a la esquina, pero hablar con ellos y explicar la situación es mucho más efectivo.

– MUJER PRECAVIDA VALE POR DOS. Los momentos en los que yo pierdo la paciencia con más rapidez, y por tanto se me pueden escapar lo gritos, son la hora salir de casa por las mañanas y la hora de acostarse.

Si en tu casa pasa lo mismo:

Vas viendo como pasan los minutos en el reloj, los niños no se han terminado su comida, no se han puesto los zapatos, no han organizado las mochilas y ya estás llegando tarde a tu cita (llámese colegio, doctor, …). O si por ves por la tarde que los niños han desordenado toda la habitación jugando, les has llamado tres veces para ducharlos (encima hoy toca pelo) no has hecho la cena todavía y ya deberían de estar acostados.

Yo ya habría pegado un par de gritos a cada uno, habría dejado caras largas y solucionado muy poco. Así que tendrás que pensar en remediarlo antes de que ocurra.

Nosotros hemos optado por levantarnos bastante antes para que no nos pille el tiempo y hasta les da tiempo a los peques de ver un poco de díbus por las mañanas. Ahora por otro lado madrugamos más, pero nos vale la pena.

Y la ducha … he optado por bañarlos nada más llegar del cole y así me quito un problema después.

ducha

El truco es ir quitándose “problemitas” de la ecuación. Y aún así o eres muy constante o terminas gritando. Yo por mi parte estoy muy contenta con el resultado, aunque aún tengo mucho que mejorar.

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