Diario de una madre en aislamiento

Llevamos 16 días de aislamiento por la pandemia generada por el coronavirus. 16 días con sus 16 noches, que se dice pronto.

Voy a poneros en situación. Hoy, día 28 de Marzo en la Provincia de Cadiz hay 406 casos positivos y de esos han fallecido 7 personas. En toda España hay alrededor de unos 72.000 casos y parece que estamos pasando el pico de la famosa curva de contagios. Además, hace unas pocas horas ha salido el presidente del gobierno a informarnos que ya nadie puede salir a trabajar excepto trabajos de primera necesidad.

Echo la vista atrás y todo parece un poco surrealista. Hace poco más de un mes estábamos celebrando los carnavales en Cádiz viendo de reojo lo que estaba pasando en China. Casi nos «reíamos» de ellos, tanto así que la mitad de los niños de la clase de mi hijo fueron disfrazados de enfermos de coronavirus. Estoy segura de que ahora no les haría tanta gracia.

También pensábamos, ¡pobres chinos! eso les está pasando porque no tienen buena higiene, porque viven hacinados todos juntos, porque comen cualquier cosa o porque su sistema sanitario no es bueno.  O ve a saber tú por qué.

Ya ves. Les hemos superado en contagios (eso si comparamos los números oficiales de China).

Aprovisionamiento

A principios de las semana del 9 de marzo, empecé a organizarme poco a poco por si en Cadiz también empezaba el aislamiento. Acababa de ver las noticias de como se estaban multiplicando los casos en Madrid y que iban a dejar a los niños madrileños sin ir al colegio. No es que comprara a lo bestia papel higiénico como se ve en tantos los videos … pero si empecé a gestionarme mejor la compra.

Desde que viví en Chile aprendí a a tener un pequeño espacio para tener comida y agua en caso de terremoto. Pasta, arroz, latas, botes de conserva, servilletas, papel de WC… linterna y radio.

Así que lo he seguido haciendo siempre; ya no por una catástrofe natural, más bien para hacer la compra grande de lo no perecedero una vez al mes y así olvidarme.

Aunque ya tenía mi despensa mensual llena, decidí comprar un poco más, tanto de comida no perecedera como fresca y congelarla. En ese momento muchas amigas me dijeron que era un poco «histérica» comprar por adelantado (os recuerdo que no fui de esas que llevaba varios carros llenos con papel higiénico, eh?). A los dos días todas se habían arrepentido de no haber tenido comida en casa.

A todo esto tengo que decir que la compra no era por miedo a desabastecimiento, sino porque viendo las imágenes de China e Italia y viendo que les dejaban salir lo justo a comprar, pensaba que sería más complicado hacer una compra grande para 5 si las cosas empeoraban.

Organicé la comida y puse etiquetas más grandes con las fechas de caducidad. Hay que tener en cuenta que normalmente nosotros sólo cenábamos en casa. Ahora comiendo y cenando los 5 juntos, y al tener la nevera bastante llena, no quería que se caducara la comida.

También pasé por la farmacia y compré paracetamol para niños y adultos. Si decían que la mayoría lo pasaríamos como un resfriado, teníamos que tener medicina en casa. Pregunté por las mascarillas pero las mascarillas ya no se vendían en farmacias. Sólo te las daban si eras persona de riesgo de contagio en el centro de salud. Lo que sí que compré fueron guantes desechables de los que encuentras en la zona de limpieza del super.

Nos quedamos en casa

El jueves por la tarde, sabiendo que en Madrid ya habían cerrado los colegios, decidí que los niños ya no volvían al cole. Ese mismo jueves por la tarde se decidió que en el resto de España a partir del lunes los niños no irían al colegio.

Muchos, la mayoría, les llevaron el viernes al cole. Por una lado porque muchos padres trabajaban, por otro porque los padres (aunque en este caso suelen ser más madres) que no trabajaban querían organizarse e ir al supermercado.

En esa primera semana de falta de información clara en Madrid, muchos madrileños cogieron el coche para ir a sus segundas residencias y con ellos dispersaron más el virus. Otros llevaron a los niños sin cole a que los abuelos les cuidaran mientras iban al trabajo. Un desastre.

Nosotros, durante estos 16 días no hemos salido más que para tirar la basura y hacer la compra dos veces. Ahora, ni siquiera salimos, llamamos para que nos la traigan a casa.

¿Qué hacemos todo el día metidos en casa?

Al principio la gente se pensaba que se podía salir a la calle, incluso dar una vuelta con los niños a zonas poco transitadas y hacer footing. Hubo mucha gente que se fue a la playa o al campo.

Pero desde que el sábado 14 decretaron el estado de alarma y que no se podía salir para nada. A comprar, a sacar al perro y a trabajar (ahora ya ni eso). Hay incluso un pequeño debate de si se puede subir a la azotea o no con los niños para que se aireen y tomen el sol. Yo, desde luego, no les he dejado.

Para poneros en contexto, por si me lees desde fuera de España, os cuento que aquí la mayoría de la gente suele vivir en pisos. Además muchos son pisos pequeños porque la vida social se hace en calle. En casa solo se entra a comer y a dormir (a no ser que vivas en el norte que allí hace más frío). Sólo alguno privilegiados viven en casas tipo chalet con jardín. Así que estar confinados en un piso un mesecito… tiene mucho mérito.

Nosotros vivimos en un piso, uno grande, gracias a Dios, pero es un piso. Tenemos grandes ventanales pero no tenemos balcón, así que les hago sacar la cabeza cuando el sol entra por las ventanas.

El primer fin de semana en casa ya establecimos un horario. Desayuno, juego, comida, tele, lectura, juego conjunto, cena y cama. Lo tuvimos que modificar cuando el lunes empezaron el colegio online.

Rocío (11 años) tiene su propio iPad escolar, por lo que se conecta con las profesoras a lo largo del día para atender a las explicaciones y resolver dudas de ejercicios. A Nico (8 años) le han mandado un montón de ejercicios de cada asignatura y todos los días a las 12 se conecta con su profe para dar clase de lenguaje. Y Ximena (4 años) tiene fichas para lecto-escritura y se conecta con sus profes sobre las 10:30 de la mañana para hacer una pequeña clase de media hora en inglés y español. Tengo que decir que la primera semana corcotircuité con todas las tareas extraordinarias de cada uno de los niños. Parecía que los padres nos habíamos convertido en los profe de nuestros hijos. Ahora ya estoy algo más relajada, aunque las tareas siguen siendo las mismas.

Con este panorama educacional tenemos toda la mañana cubierta, luego comida, un poco de tele, juego (mientas los padres trabajamos en el ordenador), cena y cama.

Ahora hemos añadido dos actividades nuevas: gimnasia para niños por la mañana y sesión de baile por la tarde. He hecho una lista de Spotify «Aislamiento» con la canción preferida de cada uno de nosotros. Cada día ponemos la de uno y bailamos todos juntos. Además hay un montón de iniciativas que se han hecho de forma gratuita para entretenernos como cuentos, música, teatro, ….

¿Qué habría comprado antes del aislamiento?

Ahora que solo puedo comprar cosas de alimentación, veo que echo en falta más material para hacer manualidades en casa: folios, témperas,  plastilina, arcilla, rotuladores de tela, diferentes tipos de papeles, etc.

La levadura (polvos de hornear) es el nuevo papel higiénico en las familias. Si quieres hacer un bizcocho con los niños en casa la necesitas y en el supermercado es difícil de encontrar.

Vitamina D, para ahora que no nos da el sol. Esto tengo que hacerme a la idea e ir a comprarla a la farmacia cuanto antes.

¿Cómo están los ánimos?

Tengo que admitir que todo está siendo como una montaña rusa. El 14 de Marzo, con la noticia del estado de alarma, me agobié un poco y pasé unos día de bajón. Mas que nada porque pensé que si mis hijos se ponían enfermos (de cualquier cosa) no podrían atendernos en el centro de salud o tendríamos un riego de contagio muy alto.

Y nos pasaron algunas cosas. A Nico le salió un sarpullido en la piel y el centro de salud no respondía. Evidentemente estaban con cosas más importantes, pero en ese momento necesitaba que alguien me informara un poco. Al final grabé un video con los granitos del niño y lo pasamos por whasapp a un médico que me tranquilizó.

El miedo que teníamos al principio mi marido y yo era pillar el virus a la vez y no poder cuidar de los niños. Tanto así que ni nos dábamos besos por no contagiarnos. Pero llevamos 16 días en casa y no hemos tenido síntomas.

Estamos los 5 en casa. Tenemos la suerte que ni mi marido ni yo hemos tenido que salir a trabajar estos días. Así que ha sido más fácil estar en familia llevando esta situación. Particularmente, yo he pasado las vacaciones de «Half term» en Inglaterra en casa, sin salir por el frío, con los 3 niños, sola, mientras mi marido se iba a trabajar y aquello me pareció casi más difícil.

Ahora bien, los niños tienen sus momentos. Rocío que ya es pre adolescente siente en ocasiones nostalgia y ahora le ha dado por decir que quiere viajar a un montón de países (justo ahora que no se puede viajar a ninguno). Nico es un niño lleno de energía y es un poco como si estuviera enjaulado. Así que hemos acordado que a las 7 le dejo una zona de la casa para que juegue a la pelota y se desfogue. Ximena, va a días, al principio eso de no ir al cole le encantó. Pero los pequeños salen del cole agotados y ahora está más irascible. Ella me repite a diario si puede ir a jugar con sus amigas.

Hay momentos difíciles con los 5 en casa. A veces estamos nerviosos y sentirnos encerrados nos crispa un poco. No obstante estamos teniendo paciencia y utilizamos esos momentos en familia para educar en valores.

Lo peor de este aislamiento es que estamos las familias separadas. Es decir, mis padres están en su casa, mi hermana en la suya, … y aunque pillaran el coronavirus no podríamos  ayudarles.

Ayer también tuve un poco de bajón. Después de la noticia del presidente diciendo que sólo el que tenga un trabajo considerar esencial puede ir a trabajar el lunes (aunque consideraba esta media necesaria incluso antes) me agobié un poco. Pero me duró poco, porque luego veo la cantidad de gente generosa que está cosiendo mascarillas para los sanitarios, las marcas de ropa importantes que han dejado de fabricar ropa para fabricar batas para proteger a los médicos Y los fabricante de automóviles que están haciendo respiradores para los pacientes del coronavirus, y se me pasa todo. Tenemos que respetar también nuestros sentimientos e ir aprendiendo a procesar las diferentes situaciones.

Nosotros estamos en casa con la actitud de que ESTAMOS SALVANDO VIDAS. Así al menos ayudamos a los sanitarios a hacer su trabajo. Y esa actitud de entrega y generosidad hacia los demás es la que debe de primar en casa. Que los momentos de aburrimiento e incluso los de «desesperación» cuando ves que no puedes decidir todo en tu vida, sean un ofrecimiento por todos aquellos que lo están pasando realmente mal.

El mundo necesitaba un parón y las familias necesitaban estar juntas de nuevo.

 

 

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2 comentarios

  1. Anónimo dice: Responder

    Me encanta cuando escribes Amparo!! Son tiempos difíciles pero efectivamente hay que armarse de paciencia y ánimo porque es nuestra forma de ayudar a los que la están pasando peor. Les mandamos muchísimos cariños y a seguir cuidándose!! Los queremos mucho!!!

  2. excelente artículo. Shayna Thebault Georglana